martes, 12 de junio de 2012

Mario: "No me gusta que me canten cumpleaños feliz"


Hache ha vuelto. El chico duro y sensible que ideó Federico Moccia y que arrasó en las taquillas españolas en 2010 con la película ‘A tres metros sobre el cielo’, ha vuelto de Londres después de dos años y, como todo el que sale de su entorno por una temporada, regresa con más mundo y menos tonterías, más maduro emocionalmente, más hecho, más tío. Regresa algo menos macarra y canalla y algo más cauto y temeroso. “Así que es verdad que la gente cambia cuando se lo propone”, dicen en ‘Tengo ganas de ti’, la película que dirige Fernando González Molina y adapta la segunda parte de las novelas que hicieron rico al escritor italiano, y es verdad: Londres ha sacudido a Hache. Pero, en este tiempo, ¿ha cambiado Mario Casas? “Ja, ja, hombre, ahora tengo más experiencia, sé algo más lo que quiero y también es verdad que, como le pasa a mi personaje, me fío menos de la gente, confío menos. En la vida te vas llevando palos tanto con los amigos como con el amor. Eso le ha pasado a Hache y me ha pasado a mí y nos ha pasado a todos. Y al final lo que haces es ir con pies de plomo, para que no te hagan daño y todo ese tipo de cosas, ¿no crees?”


Sí, Mario Casas ha cambiado: ahora es más responsable, comete menos locuras, tiene la cabeza en su sitio. Al fin y al cabo, ya tiene 27 años. “¡26!, ja, ja, no me pongas un año más que bastante mal lo llevo”, aclaraba ayer Mario a este periodista de letras puras, medio en broma, medio en serio. “No es en broma, lo llevo mal, de verdad, ya se van notando los años y empieza a molestar, ja, ja”, insistía él, pese a su insultante juventud. Y por eso no va a hacer una gran fiesta de cumpleaños ni nada que se le parezca. “Currando, lo voy a celebrar currando. Mañana [o sea, hoy] voy a estar todo el día en Barcelona, pues vamos a hacer una sesión de fotos para la nueva campaña de Mustang. Así que como mañana viajo por la mañana, estaré todo el día allí y regreso por la noche, nada de fiestas. Como mucho tomaré por la noche la tarta con la familia y soplaré las velas. Pero la verdad es que no soy mucho de celebrar cumpleaños. Para mí es un día como otro cualquiera. Y no, no me gusta que me canten el cumpleaños feliz. De hecho, yo creo que a nadie le gusta que le canten el cumpleaños feliz, ja, ja”

Feliz, así parece que se encuentra este sonriente joven. No es para menos: tiene 26 años, una novia guapísima con la que comparte profesión (ella, María Valverde, es Babi en la película), una familia a la que adora (“Yo soy muy familiar. Mis padres y mis tres hermanos y mi gente son mi gran apoyo en la vida”) y una película a punto de estreno con la que no hace falta ser la pitonisa Lola para escribir que salvará, taquillazo mediante, la dignidad del cine español en 2012. Una película que igual no gustará a críticos muy serios ni a esos cinéfilos que no hacen jamás concesiones comerciales, pero con la que, probablemente, lo pasará muy bien buena parte de los espectadoras/es. Porque ‘Tengo ganas de ti’ es un drama trepidante, juvenil y romántico que engancha desde el minuto uno, que divertirá y emocionará al espectador desprejuiciado. Al menos al espectador que ve a Mario Casas y no dice: “Ya está Mario Casas haciendo de Mario Casas”

“Ja, ja, sí, eso lo dicen algunos críticos. Y cuando lo dicen yo digo, pues qué bien, eso es que no me conocen en absoluto, porque yo no soy así. Y es que, ¿cómo saben ellos como soy? En la peli hay un personaje superestudiado, un personaje creado. Así que si dicen eso, diré: os habéis comido con papas al personaje. Además, ¿qué tiene que ver mi papel en ‘Tengo ganas de ti’ con el de ‘Grupo 7′ o el de ‘Mentiras y gordas’?”, decía Mario Casas, ligeramente ofendido.

Entrevistar a Mario Casas es muy divertido y muy fácil, y no sólo porque sea un hombre guapo. El actor es muy famoso, pero no pone ni una sola puerta blindada entre él y el periodista. Por el contrario, se muestra, amén de campechano y simpático, lo suficientemente inteligente como para darle la vuelta a una pregunta indiscreta. Por ejemplo, si le preguntas por María Valverde, ríe y mira pícaramente, pero no dirá ni que sí ni que no. Y si le preguntas luego: “¿Llevas muy mal que los periodistas nos inmiscuyamos en tu relación con María Valverde?”, va a la pregunta directo y la responde con total tranquilidad. “No es que lo lleve mal, es que es nuestra vida y no tenemos por qué contarla, pero tampoco me escondo. Cuando algún paparazzi me pilla pues me pilla, yo no me escondo. De todas formas, a los fotógrafos ya los conozco a todos, y me llevo bien con ellos. Les veo y digo: ‘No te escondas, tío’. Intento tener cuidado, pero no me voy a amargar la vida y tampoco voy a entrar en ningún conflicto porque saquen una foto”

Mario ha cambiado. Ya no va a discotecas porque, aunque le gusta bailar, ha comprendido que es mejor quedarse con sus amigos en una casa o hacer una barbacoa en el campo que estar en una sala en la que le harán tantas fotos con el iPhone como para acabar con la paciencia de un monje tibetano. “Reconozco que alguna vez he perdido la paciencia y me he negado a una foto, lo siento, pero yo también soy humano. Intento que no ocurra, sin embargo. Y sí, me gusta salir, de vez en cuando está bien tomarte unas copas con los amigos, pero lo cierto es que a discotecas hace mucho tiempo que no voy. A veces voy al local de mi hermana Sheila, eso sí, porque allí estoy muy a gusto”.

-Pero, ¿echas de menos muchas cosas que tenías en tu vida anterior a la fama?
-Sí, claro. Mira, yo estoy muy contento y no me quejo, que quede claro. Pero si me preguntas te diré que ahora no puedo ir por la calle tranquilamente, o de tiendas, o estar en la piscina de mi edificio. Ahora te hacen una foto en cualquier lado, la cuelgan en Twitter y ya la hemos liado. Porque ya no es que tengas que tener cuidado de los paparazzis: ahora todo el mundo es pararazzi. Eso da miedo e inseguridad y hace que te quites de hacer muchas cosas y trates de escaparte a sitios donde puedas estar tranquilo.

-¿Crea la fama inseguridad?
-La gente se te acerca y tienes que sonreír todo el tiempo y tener buena cara, pero luego puede que llegues a casa y no sonrías tanto porque, simplemente, ese día no te sientes muy bien. O porque te han dicho tres insultos y eso te está afectando. Puede ser duro, sí. Mira, lo bonito de ser actor es que hacemos lo que nos gusta: ponernos delante de una cámara e interpretar a un personaje. Todo lo que viene después hay que saber llevarlo porque da vértigo.

Vértigo es lo que les entra a millones de jovencitas de este país cuando le ven. Y si le ven desnudo, luciendo abdominales, del vértigo pasan en un nanosegundo al estado de locura y de pánico. Al fin y al cabo, es uno de los actores que más seguidores tiene en Twitter. Y tiene un cuerpo esculpido a base de gimnasio. “Qué va, yo no voy al gimnasio –me aclaraba Mario-. O si voy es de forma muy puntual, por proyectos concretos. Fui antes de hacer esta película y antes de ‘A tres metros sobre el cielo’, porque me lo pidió Fernando González Molina, el director. Si no, no voy al gimnasio. Me gusta jugar al tenis, al fútbol, ir con la bici… y también me voy a correr por ahí de vez en cuando. Pero siempre al aire libre. Eso me gusta mucho más que estar en un gimnasio encerrado. ¡El gimnasio es muy sacrificado! En cuanto a salir sin camiseta, te diré que yo en promoción intento no quitármela. Porque aunque yo no soy tímido, sí, claro que me da vergüenza desnudarme. Da corte, pero son exigencias del guión. Y si en ‘Ganas de ti’ boxeo, pues claro, hay un punto sexual. Y si echo un polvo, no lo voy a echar con los calcetines puestos. Todo tiene un motivo, un porqué. De todas formas creo que aquí en España en ese sentido hay prejuicios que no hay ni en Europa ni en EE UU”.

El mejor polvo (con perdón) lo echa con Clara Lago (Gin en la película), que es la gran revelación de ‘Tengo ganas de ti”. La tía canta y baila y monta en moto y se pelea y gruñe y grita y boxea y ríe y llora y sonríe y hace el amor desnuda y logra emocionar al espectador. Porque es como Hache: ese tipo de personas que van de duras pero que, en el fondo, son la sensibilidad con patas. Personas que, como Hache, son viscerales, impulsivas, pero también pasionales y, por qué no, enamoradizas. Mario Casas también es enamoradizo.

“Lo soy –reconocía Mario, que, como digo, sabe dar juego en una entrevista-. Yo he sido siempre muy enamoradizo. Cuando era más niño me enamoraba más rápido, eso sí. Luego te vas haciendo mayor y te entran miedos. Si te han hecho daño, te preguntas, a ver si me lo van a hacer otra vez, mejor ir tranquilo. Eso es lo que cuenta ‘Tengo ganas de ti’: vamos a ver qué pasa….”

Y pasa lo que pasa. Pasa que el chaval que se vino de Barcelona a los 18 para ser actor y que lo consiguió gracias a TVE y a Antonio Banderas y después de ganarse los cuartos durante una temporada como teleoperador, hoy cumple 26 años. Y dice que el regalo que más ilusión le hace es que sus amigos, “su gente”, se acuerden de él. “Una llamada o un mensaje bonito o un pequeño detalle puede hacerme mucha más ilusión que un regalo caro”, dice el chico chulo que ahora va a resultar que no es tan chulo como creíamos.

Va a resultar que el chico que de adolescente hacía el ganso por el campo con la moto de trial que le regalaron en su catorce cumpleaños sus padres, ha cambiado. Ahora es una estrella de cine y de la tele, su nombre es garantía de taquilla y ya no tiene que hacer llamadas a las casas por 600 euros al mes. Pero hay algo que sigue igual en él: su mirada franca y transparente.

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